El precioso día que se ofrecía ante los ojos de Aureliana tenía algo de diferente respecto a todos los otros hermosos amaneceres que había vivido. A su edad la vida se había establecido como un repertorio de rutinas y protocolos que le facilitaban la existencia: limpiar, limpiarse, desayunar, comer, cenar y entre estos momentos, atender la huerta, ocuparse de los semilleros, las podas y el tempero en invierno y de las plantas y los árboles en verano. Regar, cavar, abonar... A menudo tejer y coser, coser y tejer, junto a la ventana o en la sombra fresca del árbol de lilas del corral, sin más pretensiones que la de disfrutar de los momentos tranquilos, del aroma de las lilas en mayo, de la compañía de los gatos que se tumbaban cerca de su sillita, pero nunca demasiado cerca.
Aquella mañana era diferente, desde luego, a pesar de que tener previsto absolutamente ningún cambio, ella lo presentía. A menudo pensaba en el modo en que había pasado los últimos veinticinco años y se preguntaba si habría otro modo de hacerlo, si hubiera tenido valor para cambiar de vida, pero siempre concluía decidiendose a sí misma que no había una manera mejor.
Tras la muerte de su marido, vivía sola, inmersa en sus trabajos para sobrellevar el dolor como mejor sabía hacerlo, hasta que el dolor se fue mitigando y pudo encontrarse en el más absoluto silencio, escuchando sus propios pensamientos durante mucho más tiempo del que nunca hubiera empleado antes. Su único hijo vivía a unas seis horas en coche de allí, y venía a visitarla cada dos meses más o menos, pero era un hombre parco en palabras, con el que se comunicaba de un modo que le recordaba demasiado a la manera en que se expresaba su marido, básico, elemental, sin nada supérfluo, sin cariños ni jabones. A decir verdad no se sentía muy cómoda con él, y ahora acababa de separarse, por lo que parecía seguro que empezaría a frecuentar más a menudo la casa maternal. Esta idea descolocaba la vida de Aureliana, pues tendría que pensar en hacer comida, limpiar, lavar y hacer camas por dos, además de dar un montón de explicaciones sobre cosas sin importancia, que su hijo convertía en importantes por la parquedad de su carácter.
Por la tarde, mientras hacía una vainica para el remate de un camisón, pensó en la suavidad de la tela blanca sobre su cuerpo aliviando los calores de aquellas noches de verano en que tenía que dormir con la ventana abierta. Pensó también que hacía mucho tiempo que nadie le daba un beso, ni siquiera en la mejilla. Al tiempo se ruborizó por sus pensamientos y miró con insistencia, recorriendo las alturas de la tapia del corral, como si esperara que un duende telequinético hubiera permanecido atento encaramado sobre las piedras para robarle sus pensamientos, pero no, no había nadie, nunca había nadie... Sólo ella, rodeada de gatos, otra tarde más.
Qué guapa ha sido siempre Amparo la de Chon ¿eh?, no hace falta que salga en la tele para que lo sepamos todos, pero ha sido un verdadero placer verla en su medio, en su casa, con sus cuadros...que mira tú, que nos tenemos que enterar por la tele de que además es una artista. Espero que visites esta web alguna vez, y espero que nos veamos en Villanueva cualquier día de éstos.
¡Qué gusto verte, maja! y eso que no te pude ver por la tele, pero cuando llegué al pueblo estaba todo el mundo revolucionado con tu aparición. Luego Félix nos hizo el favor de localizar el programa.
Un saludo y un montón de besos desde esta parte del mundo
El puente de San José, estuvimos algunos amigos-as en el pueblo y pude
enterarme que nuestra amiga Amparo Matos, había aparecido en el programa
'Castellanos por el Mundo' de la televisión de Castilla y León.
Por si no lo sabeis (yo no lo sabía) Amparo está en Cameroon o
Camerún, trabajando para la embajada de España.
Afortunadamente hoy todo se puede volver a ver gracias a 'youtube'
Como seguro que muchos que vivis fuera lo quereis ver aquí lo teneis; Miradlo, merece la pena.
Amparo, muchos besos!!!
El monasterio olvidado Villanueva tiene una deuda consigo misma HERMINIO RAMOS PÉREZ Villanueva de Campeán es depositaria por esos avatares de la historia del recuerdo y hoy de las ruinas de un monasterio de la Orden Franciscana asentado en el lugar privilegiado del agua abundante, referencia común, que encontramos de todos los emplazamientos monásticos. Si no hay agua no hay vida, y en consecuencia tampoco vida espiritual. Por si fuera poco el cordón de cerros en cuya cara norte se encuentra le limita el horizonte del mediodía. Sin embargo, para que la mística franciscana no estuviese sola desde lo alto del cerro de La Esculca, desde la segunda mitad del siglo XIII, el paso de los rebaños de las merinas a lo largo de la alta primavera constituyó una especie de leyenda que envolvía con la plácida llegada de los rebaños una especie de paz, de emoción y de esperanza año tras año, que en la ida y en la vuelta van dejando por el camino un reguero de recuerdos y casi siempre de esperanzas. El monasterio del Soto corrió la triste suerte de casi todos los monasterios desamortizados. Unas veces como cantera para utilizar los materiales para construir, casas o dependencias. Todo él también fue utilizado íntegramente como dependencias para el ganado y podremos decir que en algunos de ellos se han conservado detalles o parte de sus valores históricos desde el punto de vista arquitectónico, conservándolas milagrosamente por su construcción y por un cierto reparo ante tal agresión, pero esperando sin duda que el tiempo haga lo que algunos no se atreven. Villanueva tiene una deuda consigo misma y eso marca a los pueblos, el estado y la situación de los restos de ese monasterio. Junto a Villanueva hemos de cargar las tintas de manera clara y contundente con toda una serie de instituciones, con tres escalones muy claros y definidos, que ostentan el poder, y con él toda la responsabilidad de esa vergüenza que significa para una localidad seria, trabajadora y honesta y para todos los ámbitos de la cultura, sin escatimar ni matices ni detalles. No sería ningún escándalo la definición, expropiación y pago del conjunto de lo que queda y su conservación, adecuación, y cuidado, amén de las múltiples posibilidades del aprovechamiento de esos nobles restos, que si un día dieron lustre, vida y una profunda riqueza material y espiritual, hoy son el sonrojo, la humillación y la vergüenza de generaciones, de responsables. Si hay algo aprovechable, aprovéchese, pero no se espere a que el tiempo lo devore de la manera más ruin, vil y vergonzosa. Quiero recordar con este motivo, que desde una mirada, a un gesto, o una frase, nos definen, nada digamos de un hecho, por simple o elemental que sea. Y esto no escapa a nadie, sea cual sea el nivel, estamento, circunstancia que le rodee o en que se encuentre y si además lo hacemos desde las alturas de las instituciones, entonces el valor o los valores se multiplican de manera proporcional. De aquí el cuidado que hemos de tener ante situaciones de este o parecido estilo. Los restos de ese Monasterio del Soto de Villanueva de Campeán, forman parte del Patrimonio Histórico Artístico de éste, que ya no sé cómo se llama; hay que salvarlo y cuidarlo además de utilizarlo de manera adecuada. Y ahora vamos a esperar.