Villanueva de Campeán - Historia
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Escrito por Webmaster   
martes, 16 de octubre de 2007
 
 
 


 
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Villanueva de Campeán está situada en la falda del cerro de La Esculca. Sabemos que en 1595 su población era de 21 vecinos, 60 en el siglo XVIII y 141 a finales del XIX.

IGLESIA PARROQUIAL

El viejo edificio que recordamos era de mampostería, con una sola nave cubierta de tejavana y una capilla mayor, de menor anchura que el cuerpo, cubierta con bóveda de medio cañón con lunetos, a la que se accedía a través de un arco triunfal. Fue levantada en 1794 por Manuel de Sipos. Tenía una pequeña puerta de arco de medio punto volteada con arquivoltas lisas y canecillos populares, algunos labrados con forma de cabezas humanas, que indicaban modelos de tradición románica.

En el primer cuarto del S. XVII se levanto otra espadaña por los canteros Francisco de Villa y Francisco de la Portilla. Y otra más en 1793. La tercera sería la espadaña actual, obra de José Pérez, que elaboró un informe de ruina de la anterior, instando a desmontarla y dando instrucciones para la nueva, que se construiría con piedras de las canteras de Peñausende y con lo aprovechable de la anterior, se tasaba la obra en seis mil setecientos catorce reales. De los dibujos que el arquitecto adjuntó, se desprende que ha sufrido algún retoque posterior. Es lo único que se consideró digno de ser conservado para la actual iglesia parroquial, de ladrillo de cara vista, acabada en marzo de 1981 en el solar de la antigua.

Se sabe que el cantero Francisco de la Serna trabajo también en esta iglesia con anterioridad a 1623, fecha de su muerte. Diez años después se abona una cantidad al cantero Alonso de la fuente, vecino de Casaseca de Campeán.

La nueva iglesia no conserva ninguno de los retablos que tuvo: al menos existieron “el colateral de el santo Xripsto”, dorado por Alonso de Espinosa en 1717, y el Mayor, pagado en 1764 y dorado cuatro años después.

En 1804 el tallista zamorano Andrés Bienes cobró por la obra que añadió a los retablos, sin especificar. También el pintor Manuel Ferrada hizo algún trabajo en el mismo año.

La calidad artística de las actuales imágenes de la parroquia es muy baja. Nada se sabe de la talla original que representaba a San Juan Bautista, excepto que en 1623 se pagaron veinte reales de pintar el San Juan del altar mayor y encarnarlo por el pintor Juan Fernández. La que se conserva es de 1802; la de San Roque es de factura popular, así como su policromía; San Antón, talla decimonónica, de colores planos; S. Antonio de Padua, de policromía enriquecida con estofados y Santa Águeda, esta última del XVIII.; dos crucifijos, uno de 0´75 m, procesional, del S. XVII y otro de 1´20 m. de la misma época. Y alguna pieza más, de escaso valor.

La orfebrería está representada por los zamoranos José Pimentel y Manuel Flores, que cinceló una cruz parroquial nueva en 1774.

CONVENTO DEL SOTO

peregrino-convento.jpg Las varias personas que se han puesto a la tarea de investigar el origen e historia de este monasterio han tenido grandes dificultades para encontrar documentación anterior a la desamortización de Mendizábal. La posterior también es escasa y a veces contradictoria o confusa. Trataré de publicar aquí todo lo que a partir de este momento encuentre, para disfrute de villanuevinos, visitantes y amigos.

El monasterio fue fundado en 1406 por los terciarios de San Francisco, bajo la titularidad de Nuestra Señora de La Paz y tuvo una vida próspera hasta la segunda mitad del XVIII. Siempre fue conocido como Convento del Soto, y la imagen, como Santa Maria del Soto. Sabemos que antes fue “Hermita”, según se refleja en una de las escrituras de la fundación.

Según algunas fuentes, fue adquirido al Estado, tras la desamortización, por Fray Sebastián Delgado y este lo donó al obispado de Zamora tras su muerte.

Ha sufrido una lenta agonía a lo largo de los años. Se convirtió en cantera para muchas edificaciones cercanas, fue invadido por la maleza y vendido por partes a los antepasados de los actuales propietarios.

De la obra primitiva no parece conservarse nada, ya que sufrió una total renovación a mediados del s.XVIII. La fachada de la iglesia se orienta hacia el poniente, tiene planta de cruz latina, y conserva las paredes. Las cubiertas han caído, aunque puede aun observarse como el crucero se cubría con cúpula sobre pechinas y los brazos con bóveda de medio cañón descargadas sobre pilastras cajeadas. La nave también volteo bóveda de medio cañón con arcos fajones que cargaban sobre mensuras adornadas con placas.

El imafronte, con la fachada principal, es la parte mejor conservada. Con puerta adintelada, todo el hastial se divide en calles por pilastras estriadas en el cuerpo bajo, mientras que las del superior adornan sus fustes con sartas de frutos y flanquean, en las calles laterales hornacinas aveneradas y rematadas con frontones partidos que apoyan sobre pilastrillas festoneadas. En estos nichos, con rocas y albanegas muy decoradas, se guarnecen dos esculturas de piedra, decapitadas, una difícilmente identificable y la otra representa a San Francisco de Asís; Bajo las hornacinas y sobre placas recortadas, se labraron símbolos franciscanos. La fábrica parece influida por el barroco compostelano y seguramente se deba a canteros de allí.

Un entablamiento con triglifos y metopas florales da paso al ático, rematado en un frontón que vuela toda la fachada, en cuyo tímpano de tondo efigia la Inmaculada.

En línea con la fachada de la iglesia se levantó la entrada principal al convento, construido con materiales más humildes, mampostería y reservando la sillería para jambas, dinteles y cornisa. Aún permanece en pie una crujía del claustro, y se aprecian los arranques de las otras. Era pequeño y cuadrado, con cuatro arcos de medio punto por cada lado, volteados en la parte inferior, y que descargan sobre pilares octogonales.

Hace ya algunos años, a instancias del Ayuntamiento, con la alcaldesa Jesusa Alonso al frente, fue incoado expediente de declaración como Bien de Interés Cultural, hecho que al menos evitó la compra-venta por piezas de los pocos elementos que quedan en pie, intentos de los que en alguna ocasión la que escribe ha sido testigo ocular estupefacto y directo.

El edificio es hoy una ruina lamentable, y bella al mismo tiempo, rodeada de viñedos. Todos los niños de Villanueva hemos jugado una y mil veces en su interior, a pesar de las prohibiciones, y sido testigos del lento pero inexorable deterioro.

Inés Hernández
Modificado el ( domingo, 25 de noviembre de 2007 )