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La señora Inés plantó un pequeño rosal hace tiempo en el portal de su casa. Crece poquito a poco, comenzó a echar unas bonitas rosas amarillas, pero cuando alguna ramita supera el medio metro aproximadamente, algún/a sinvergüenza de los 3 o 4 que tenemos en el pueblo, arranca lo que pilla.
Ya lo ha hecho varias veces, sabemos que el/la interfecta/o es madrugadora/o, que tiene una leche y una bilis muy mala, y que ya puede ir a confesar sus pecados, porque quien hace esto, tiene muchos, seguro.
Y me cuentan que a más gente del pueblo les ha ocurrido lo mismo.
No creemos que sean críos los que rompen árboles, pellizcan rosales, o atacan o envenenan perros. Los niños no hacen estas cosas. Es gente adulta más MALA que "maliciosa".
Por si sirve de algo y alguien se lo cuenta, que sepa que vamos a estar vigilando, y que aunque sólo sea por sacarle los colores y se le caiga la cara cuando se vea en "el interné", hemos pensado cómo poner una cámara conectada al ordenador para grabarlo/a.
Aunque yo me decanto por una opción menos suave. Un poquito de sulfato venenoso o un laxante potente, para que cuando se coma las uñas o se chupe los dedos tenga que salir corriendo "pal camino San Pedro" a abonar las zarzas.
Quizá os parezca una exageración tanto desvelo por el crecimiento de un rosal...
"El corazón tiene razones que la razón no entiende"...
Avisado/a estás...
Inés, hija de la otra Inés.
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