Villanueva de Campeán - El Cuento de Óscar
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El Cuento de Óscar PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Andrea   
jueves, 26 de junio de 2008

A los cuatro años tenía un amigo, Óscar, con el que jugaba a cosas de esas que no tienen un espíritu sexista, como por ejemplo lanzarse sobre un monopatín a toda pastilla cuesta abajo, dibujar con tiza sobre el cemento del suelo trazando territorios en torno a uno mismo o las siluetas de las manos y los pies,  o como recoger flores, hierbas, pedazos de teja y yeso, y triturarlos mezclados con agua hasta que se convertían en papillas de colores con las que pintábamos.
A veces íbamos a la puerta de su casa y jugábamos con sus juguetes, otras en la puerta de la mía jugábamos con los míos. Pero solíamos conformarnos con cosas bastante primarias y experimentales.
Cuando los mayores, con esa fea costumbre que les caracteriza de suponer y generar rumores, empezaron a decir:
 ¡¡¡Sois novios, sois novios...!!!.
Comenzamos a pensar que nuestra relación no tenía futuro, y dividimos el grupo (de dos). Cada uno se fue a lo suyo; Óscar con los coches y yo con las muñecas.
Fuimos juntos a la escuela hasta los catorce años, pero después de la disolución del grupo no volvimos a establecer relación alguna excepto la estrictamente comercial y vecinal. Debo aclarar que yo le servía los cafés y las cañas en El Único Bar del pueblo.
  A los veinte años, durante un viaje a París me hice este tatuaje en una tiendecita  de una de esas estrechas  calles que bajan de Montmartre, llamada Tatoo-Bijou.

Imagen activa

El tatuador era un tipo de grandes patillas, medio blanco, medio azul, del tamaño de un armario ropero de cuatro puertas. Insistió bastante en que debería tatuarme una ola y no sé cuántas cosas más que representaban los cuatro elementos y el equilibrio de no sé quién. Pero yo tenía pensado el motivo de mi tatuaje desde hacía mucho tiempo, y lo llevaba dobladito en la cartera desde entonces.
¡ Cómo duele!, no os lo voy a contar porque seguro que lo sabéis. Pero todo lo hice por el arte. Sabía que iba a tener la nuca más molona de mi pueblo, y cómo iba a fardar en las bodas, cuando me hago moños.
Cuando volví a mi casa, me hice un moño, sin tener boda ni nada, con el objetivo de lucir mi tatuaje souvenir. Cuando Óscar me pidió un cortado y me volví hacia la cafetera gritó:
¡¡¡ Tu también te has hecho uno !!! ...pero el mío es mas chulo
Levantó un poco la manga y en el antebrazo tenía un tatuaje a todo color, en diagonal que decía SCALEXTRIC... Entonces fue cuando pensé que aquello era para toda la vida, pero no dije nada, solo sonreí un poquito y eso fue todo, le serví el café, se lo tomó y cada uno nos quedamos con nuestro escozor, marcando el territorio y la distancia de nuevo. Esa fue la conversación más larga que tuve con Óscar desde los cuatro años.
  Ahora cuando voy al pueblo es Óscar quien me sirve el café y las cañas, en El Único Bar. En verano suele lucir bíceps y tatuaje, y ambos los dirige a las miradas de las chicas, que se mueren de curiosidad por conocer la historia.
Yo por mi parte procuro llevar el pelo suelto y sueño cada día con tener dinero suficiente para la cirugía, no vaya a ser que digan otra vez que somos novios.

Andrea Jambrina

Modificado el ( jueves, 26 de junio de 2008 )
 
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